Un fantasma recorre el Huelga

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Que Sancti Spíritus pierda ante Cienfuegos, actual líder del béisbol en Cuba, no es noticia para nadie. Que lo haga con bajas muy sensibles en su alineación tampoco debería serlo.

Pero quedan cuatro subseries, y la afición espirituana empieza a rememorar ciertas pesadillas típicas de la etapa final de un campeonato. Aparecen las lesiones, el cansancio de un picheo que hasta ahora ha sido el sostén fundamental, la desconcentración cuando hace falta la defensa clave.

Siempre lo he creído así. No es que Sancti Spíritus pierda, es que cuando lo hace no deja la sensación de que hizo todo lo que pudo.

Y es que ser aguerrido no es ganar por un margen amplio, ni tan siquiera llevarse una victoria cerrada. Ser combativo, que también equivaldría a ser “gallo” en el terreno, es intentarlo hasta el último momento y no desfallecer hasta el último out, aunque se aparezca un Grillo entre tantos elefantes con el mejor de los engarces y te agüe la fiesta.

Treinta innings consecutivos sin hacerle carreras a Cienfuegos, sí, usted lee bien. Inning 30 y abre Acebey con un rolling entre tercera y short que parecía irse feliz hacia el jardín izquierdo. Y escribí parecía porque Arruebarruena se encargó de probar que lo difícil a él le queda muy pequeño, y el gigante Abreu cambió sus piernas con la misma sutileza que te conecta un jonrón y así suspiró el Huelga ante el primer out.

Sin embargo San Cepeda, el de ayer, el de hoy, el de siempre, tomó desquite de su ponche en el primer capítulo y le conectó un doble por el centro a Jorge Hernández para otra vez llevarse los aplausos y sacudir a una afición moribunda. Entonces los espirituanos pensamos que la tanda de ceros frente a Cienfuegos, culminaría; y Yulieski nos animó a soñar con un batazo que casi se va pero que terminó en el guante caprichoso de Soriano.

Segundo out, y Cepeda aún en la intermedia. Fue en ese momento que Paumier sacó una línea de abajo de la manga, pero William Luis, uno de los disfrazados de paquidermo, alargó la agonía de los yayaberos lanzándose y atrapando lo imposible.

Ahí mismo lo supe: los Gallos perderían de nuevo, sus bates se enfriarían de nuevo, su defensa flaquearía de nuevo.

No duele la derrota, no; duele entregarse al contrario. Duele porque llega un momento en que le enseñamos al rival que el juego es suyo, aún cuando sea temprano para rendirse.

El juego se perdió quizás en ese fatídico capítulo, o al menos nosotros, los del graderío, así lo sentimos. Y puede decirse que Cienfuegos ganó también en ese inning, porque se demostró a sí mismo que este año puede ser el de ellos.

No se puede aspirar a una victoria cuando no se defiende bien a un lanzador que está dominando al mejor equipo de la serie, cuando una doble matanza no se culmina, cuando dejamos que los fly caigan a nuestro lado, cuando no se tira correctamente a las bases. Y es que a los que asistimos a una derrota de los gallos nos abruma la sensación de que estos alcanzan una meta y sencillamente no pueden ir más allá.

A este campeonato le quedan 11 juegos, y sería una debacle que Sancti Spíritus quedara fuera de los cuatro grandes. Pero los fantasmas rondan, y ya la gente no va al estadio por miedo de encontrárselos.

Afortunadamente, aún algunos, como yo, los siguen espantando. Y esos pocos como yo apuestan por el Huelga, por nuestros semidioses Cepeda e Ismel, por Yulieski que anhelamos que luche como todo un gallo, por la “sangre” de Acebey y Eriel, la vergüenza de Mendoza, Liván, Peña y Noelvis, tan constantes como necesarios, y por qué no, por nuestros “extranjeros”, para que sientan que son parte importante de un sueño que se les va alejando a muchos, y que ojalá lleguen a conquistar de la mano de ese corajudo del box que fue Yovani Aragón.

No sé si usted lo sabía, pero anoche cayeron los gallos 6×2 ante los elefantes, que ahora mandan en la pelota cubana con dos rayitas de diferencia sobre sus más cercanos rivales.

El juego no lo ganó Orlando “El Duque” Hernández, pero sí un tal Jorge que se estira el pelo en forma de cresta cada vez que finaliza un inning, quizás ejercitando una suerte de manía que lo inspire, o mostrándolo a la moda para todos. El muchacho este año no ha creído en la famosa tanda ofensiva de Sancti Spíritus y le ha colgado 14 ceros, demostrando que solo basta creérselo para rendir a otro grande.

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