El gallito “prestado”

El gallito “prestado”

Quizás Norge Luis Ruiz no imaginó nunca vestirse de gallo. De seguro esperó siempre las comparaciones con el estelar Vera, e incluso redactó en su mente las posibles respuestas que daría cuando fuese interrogado por la inevitable coincidencia, pero estoy casi convencida de que jamás se vio defendiendo estos colores naranjiazules que nos han buscado, o mucho menos adivinaría la acogida que ha tenido en Sancti Spíritus.

Ahora mismo pienso en los muchos ancianos que acuden al Huelga y que de seguro andarán inventándose formas para darle agua del famoso río Yayabo y ver si es verdad eso que dicen de que el que la pruebe no puede abandonar esta tierra.

Que no le parezca exagerado nada de lo que aquí digo. Las dos veces que lo he visto lanzar, he tenido la suerte de coincidir con sus padres y muchas han sido las propuestas de matrimonio que le han hecho quienes pretenden ser sus consuegros. Y no es que el muchacho no tenga atributos físicos que inviten a semejante compromiso, pero la razón fundamental está en que ha enamorado a esta afición.

Los padres de Norge Luis y su hermanita lo vienen a ver cada vez que pueden

Los padres de Norge Luis y su hermanita lo vienen a ver cada vez que pueden.

Desde el palco número 4 sobre el banco del homeclub se le escucha decir a papá: “Vamos, muchacho, changalea, demuestra quien tú eres”. La mamá se come las uñas, admite no haber podido comer nada en el día y a la hermanita, de unos 10 u 11 años se le va un “dale, tírala por la canalita”. Y uno se ríe con sus cosas y se preocupa pensando que al niño eso lo pone nervioso, pero “qué va, si a él lo que le gusta es que nosotros le gritemos”, me señala su progenitor.

Hay que verlo en el box, hablando consigo mismo, subiendo los hombros y suspirando cuando busca concentración, dando la espalda al home cuando sabe que sacó el out y venció al bateador.

El Huelga le aplaude con susto, eso sí. Todavía no averiguo si por miedo a que un día la edad le juegue una mala pasada, o sencillamente porque no está acostumbrado a ver tanto arrojo en tan pocos años y un cuerpo no tan fornido.

Sin embargo, estoy segura de que él se burla de nosotros. Norge Luis Ruiz, que ya tiene un nombre propio, respira demasiada confianza en sí mismo.

con Norge Luis (Large)

Un día de visita al Huelga, el muchachito aceptó la foto.

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