De un Gallo que me abofeteó la cara

De un Gallo que me abofeteó la cara

Ayer sentada en el estadio, sola entre la multitud que llenó la grada derecha, empecé a redactar en mi mente lo que escribiría hoy en el blog.

A medida que avanzaba el juego me caería el típico susto en el estómago, ese que los fanáticos espirituanos conocemos muy bien. Pero, y cuánto me alegro que esta vez haya un pero, el noveno inning cambió la historia y viró el aché de nuestro lado.

Debo confesar que me fui en el octavo para casa de una prima. Me dije: mí misma, hay un vientecito extraño y en cualquier momento se forma el agua de nuevo. Ahora pienso que solo trataba de convencerme para no ver el final y a los matanceros paseándose por mi casa con una olla bien vieja y gozando de lo lindo.

Cuando llegué a mi destino, el marido de mi prima me recordó: “te dije que hoy perdían”, y ahí mismo se formó el debate mientras el juego seguía.

Traté de entretenerme con el pequeño Gabriel, de solo tres meses, pero, quizás sin querer, los ojos se me iban hacia el encuentro transmitido en la tele. Ya a esas alturas esperaba la conferencia de prensa para ver el regodeo de Víctor, y escuchar las estrategias de Aragón al irse con 1-1 para el Victoria de Girón.

Noveno capítulo, dos outs en la pizarra, ya queda menos para la derrota. El resto usted lo conoce: el banco de los Gallos se puso las espuelas de verdad, uno con un doble, otro “negociando” un boleto, otro recibiendo con alegría un pelotazo, y ya con las bases llenas, pues primero y segundo en la alineación volverían a hacer lo suyo, y con dos jits pegarían el juego 5×3.

Víctor hizo cuanto pudo buscando el out 27, incluso se trajo a su mejor cerrador, pero Félix Fuentes dejó escapar un envío ante el súper 24 de los Gallos y con el 5×4 la mesa quedó servida para el hombre de los grandes momentos: Yulieski Gourriel.

Creo que no me equivoco cuando afirmo que más del 90% de las personas que veíamos el juego se dijo: hasta aquí las clases. Sin embargo, el 10 de su casa, de Sancti Spíritus y Cuba le sonó un doblete a Ciro Silvino (para mí el cambio que NUNCA debió hacer el manager de Matanzas) y todo el equipo local, más los pocos aficionados y la provincia toda brincaron como lo hice yo, a punto de asustar al pequeño de la casa.

Hoy en la tierra del Yayabo estamos embriagados, ya mañana habrá tiempo para pensar en lo que no está saliendo bien, pero hoy, con el permiso de todos, me cogeré el día para disfrutar.

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